Qué llega: cuatro partes
El correo tiene una estructura fija, para que sepas qué estás abriendo. Primera, una entrada de dos o tres oraciones que nombra el organismo y el recorte —IPC, informe monetario, EMAE, lo que toque esa semana— sin convertir el asunto en un titular de alarma. Segunda, el cuerpo de la lectura: fuente, qué mide, qué no mide, y las trampas de interpretación. Tercera, un recuadro breve con la duda que queda abierta. Cuarta, un enlace al archivo del sitio por si preferís leerla en la página, y el pie legal de siempre: esto es informativo, no un consejo de inversión.
No cambio el orden según el dato sea más “caliente”. El IPC no merece un formato distinto al de un glosario. Si una semana no hay comunicado nuevo, el correo puede ser una ficha o una corrección. El silencio de un organismo no se rellena con un adelanto mío.
Periodicidad y día
Un envío por semana, en días hábiles, después de que el dato de referencia esté publicado o, si esa semana no hay dato, después de que yo haya cerrado la ficha. No prometo una hora exacta porque el calendario del INDEC y del BCRA no es un reloj suizo, y no voy a mandar un correo “para cumplir el día” con un número que todavía no existe. El huso es el de Buenos Aires (GMT-3). Si un feriado mueve al organismo, el boletín se mueve con él.
Empecé a mandarlo en marzo de 2026. El archivo del sitio, en cambio, arrancó en enero. El correo no es un producto aparte: es la misma voz, con la misma regla de no inventar la coyuntura.
Qué no va a haber
No hay señales de compra o venta. No hay promocodes. No hay “aliados” financieros. No hay reventa ni alquiler de la base. No hay un segundo boletín pago con el número que el gratuito no se atreve a decir: ese número, cuando existe, lo publica el organismo y está en el sitio. Tampoco hay cadenas de reenvío ni un ranking de lectores. Si en algún momento el proyecto necesitara otra forma de sostenimiento, se declara en Método y en Privacidad, con fecha, no se cuela como un banner entre párrafos.
Ejemplo de contenido
Imaginá una semana en la que el INDEC publica el IPC. El correo no abriría con un porcentaje inventado ni con un “te adelanto lo que va a pasar”. Abriría nombrando el comunicado, el mes de relevamiento y la diferencia entre variación mensual, interanual y acumulada. El cuerpo recordaría que el índice es una canasta ponderada, no tu ticket, y señalaría qué desagregados conviene mirar antes de declarar una tendencia: núcleo, regulados, estacionales. Si un rubro con mucho peso explica el movimiento, esa observación iría escrita como hipótesis de lectura del cuadro, no como denuncia. El recuadro final dejaría abierta la pregunta que el índice no responde: cómo se mueve una canasta hogareña que no coincide con las ponderaciones. El pie repetiría que Herviqua no asesora inversiones. En una semana de informe monetario del BCRA, el esquema sería el mismo: instrumento, frecuencia, lo que la tasa no transmite sola. En una semana de EMAE, el eje sería el rezago y la revisión. El tono no se agita porque el indicador sea de tapa. Se mantiene porque el oficio es el mismo.